Por eso se armó de valor y sacó sus débiles patas fuera de la que había sido su casa, tomó posición y echó a volar. Dejó atrás sus diez primeros minutos de vida para intentar hacer algo por él mismo. Y lo consiguió. Y tanto que lo consiguió...
domingo, 28 de septiembre de 2008
Promesas...
Por mucho que fuese una cría de pájaro, nada más salir del huevo su instinto le llamaba a volar. Por mucho que fuese un polluelo, y que la altura del nido asegurase una caída mortal, se empeñó en sacar el pico hacia afuera. Comprobó la gran distancia que había entre la rama y el prado, pero aquello no le echó para atrás. Sabía que si se lanzaba y conseguía volar, el premio sería mucho más grande que el quedarse agazapado en un rincón del nido esperando a que cualquier ave le alimentara o le hiciera compañía. No había nacido para eso.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
La fortuna no nos pertenece
Boomp3.com
Tan sólo le gustaba caminar por esas sendas llenas de polvo y serrín cuando caía la lluvia y estaba anocheciendo. El olor a madera y tierra mojada le recordaba a un enorme bosque frondoso en el que, a pesar de las nubes se podía apreciar toda la gama de los verdes en su mayor esplendor. Todo ello le traía pasajes a la cabeza, y se veía trepando por el enorme abeto que presid
ía el patio del colegio, ese patio en el que tantas veces se sintió Heidi protegida, Heidi que caminaba por asfalto y trepaba los muros de ladrillo naranja de la mano de Pedro, Heidi infeliz, que se creía que un matojo de hierbas secas era el prado verde por el que corría con una enorme sonrisa la protagonista de una serie de dibujos animados.
Por primera vez en mucho tiempo me sentía neutral, pasota. Bastante cansada eso sí, pero pasota. ¿Llueve, nieva, hace calor? Me da igual. ¿Camiseta verde o roja? Me da igual. ¿No haces caso? Ya no sé que hacer. Me siento mal, pero estoy neutral. Ya no sé si eres la causa de que me esté quedando calva de tanto pensar. En realidad no sé si es todo porque después de haber nadado durante tantos años no me tiro bien de cabeza, tampoco me atreví a lanzarme por la mejor pista de esquí, ni salto demasiado con los patines, ni tan siquiera tengo narices para hacerme el eye-liner recto y sin titubear, siempre relleno la línea poco a poco. Tal vez no sé ni caminar con mis propios pies destrozados y negros del miedo. Del no poderme enfrentar a lo que sé, a lo que creo.
Tan sólo le gustaba caminar por esas sendas llenas de polvo y serrín cuando caía la lluvia y estaba anocheciendo. El olor a madera y tierra mojada le recordaba a un enorme bosque frondoso en el que, a pesar de las nubes se podía apreciar toda la gama de los verdes en su mayor esplendor. Todo ello le traía pasajes a la cabeza, y se veía trepando por el enorme abeto que presid
ía el patio del colegio, ese patio en el que tantas veces se sintió Heidi protegida, Heidi que caminaba por asfalto y trepaba los muros de ladrillo naranja de la mano de Pedro, Heidi infeliz, que se creía que un matojo de hierbas secas era el prado verde por el que corría con una enorme sonrisa la protagonista de una serie de dibujos animados.Por primera vez en mucho tiempo me sentía neutral, pasota. Bastante cansada eso sí, pero pasota. ¿Llueve, nieva, hace calor? Me da igual. ¿Camiseta verde o roja? Me da igual. ¿No haces caso? Ya no sé que hacer. Me siento mal, pero estoy neutral. Ya no sé si eres la causa de que me esté quedando calva de tanto pensar. En realidad no sé si es todo porque después de haber nadado durante tantos años no me tiro bien de cabeza, tampoco me atreví a lanzarme por la mejor pista de esquí, ni salto demasiado con los patines, ni tan siquiera tengo narices para hacerme el eye-liner recto y sin titubear, siempre relleno la línea poco a poco. Tal vez no sé ni caminar con mis propios pies destrozados y negros del miedo. Del no poderme enfrentar a lo que sé, a lo que creo.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Aunque tú no lo sepas
Jamás entendió por qué dicen que el horizonte es la línea que une el cielo con el mar. Para ella el horizonte era mucho más que eso. El lugar donde la mirada se pierde al contemplar la inmensidad.
-Me encanta navegar.
Por qué un escalador no puede negarse a subir un pico que no le inspira confianza o un médico no puede temer algunas veces a la sangre derramada. Por qué una niña de interior no puede amar el mar. Por qué no llamarla inexperta si...tan sólo es una niña.
Por sentir el calor veraniego de la arena en los pies como si una dosis de energía se tratara o hundir los talones en la playa invernal sin ninguna preocupación.
Tan sólo una niña. Quizás en otra vida fuese la pieza clave de un submarino, una sirena o mejor, una estrella de mar, ahora, tan sólo una niña.

La nostalgia, en el peor de los casos, lo único que puede hacer es ponernos tristes.
Soy consciente de que cada lágrima que derramé pensando en ello iba acompañada de sal. Nunca quise desprenderme de tus cosas, ni tan siquiera de tu olor.
Esta mañana te ves como pura brisa...decadente y con pocas fuerzas, voluptuosa y flotante.
Te secaste y tendiste el pañuelo al sol, y se mecía contigo, al son de las olas, en un vaivén remojado del que me era imposible salir.
Agonía
Cuando ya simplemente percibes que
el cruzar la esquina de tu propia manzana ya no es suficiente que,
sin darte cuenta sigues en el mismo laberinto
aunque no lo parezca
aunque tú veas el día y la noche con la misma magia,
aunque la luna creciente te llenase de energía...
miércoles, 17 de septiembre de 2008
El último noviembre de los años 80.
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