martes, 27 de enero de 2009

Ámbar.

Y por lo pronto, me encontraba en un autobús mirando por la cristalera plagada de gotas de una lluvia un tanto extraña, una lluvia que me recuerda que madrugar en un día así de invierno no es bueno. Y menos salir sin impermeable. Y menos aún salir en zapatillas de tela.


Me apoyo en la pared en la que hay un amago de funda acolchada. Miro al suelo. Las baldosas fluyen apegadas como un muro al pequeño riachuelo que se forma en su base. Subo la mirada. Un muchacho bosteza refugiado en un portal. Hincho los agujeros de mi nariz, cojo aire, desencajo mi mandíbula.
Bostezo.
La mujer de enfrente no ha dejado de mirarme en todo el viaje. Hace fuerza por contenerse, gira el cuello y me enseña su cogote mientras lo hace finalmente vergonzosa mirando hacia el lado de la conductora. El semáforo se pone en rojo. No hay más remedio que dar un frenazo y terminarlo bruscamente.


Los ojos de la conductora están puestos en el retrovisor que enfoca a la señora y a mí. Retransmite el último instante de bostezo. El espejo lo refleja. Sí, se nos ve lejanas, pero lo refleja. La conductora bosteza. Lo veo en la expresión de sus ojos. Muy abiertos, achinados, cerrados. Expresión relajada. Semáforo en verde. La señora gira su cuello de nuevo y me mira.
Yo ya me disponía a bajar.

miércoles, 21 de enero de 2009

Mi habitación deshecha.




Y tú me decías que te quisiera, y yo te dije que te quería igual que a aquel cuento de Cortázar, que a la cerilla que enciende mis velas, que a la copa de vino vacía de aquella noche, igual que a la calle Portales y casi tanto como a aquel disco de jazz. Tú me pediste que te quisiera más que a todas esas cosas, y yo te dije que como ser humano tenías ventaja: el vino sólo puede ser vino, el cuento de Cortázar sólo podía ser cuento, la calle sólo podía ser calle, pero tú puedes ser todo: copa de vino, paseo tranquilo por Portales, cuentos de Cortázar y el aliento que apague la cerilla de mis velas.

domingo, 11 de enero de 2009


Soy capaz de contarte la realidad de hace un segundo...en un segundo.

Soy capaz de mostrarte aquello que tú dejaste de ver.

Puedo darte lo que siempre olvidaste allí, en el mismo cajón de la mesa del fondo.

Si quieres, tengo un vaso de agua en el que puedes acumular esos pinceles secos. Un vaso sin agua que tampoco está vacío.

Tal vez te apetezca que salgamos a hacer unas fotos, o que vayamos a jugar un billar y fumar unos cigarros.

También me apetece quedarme en el viejo sillón orejero verde mirando a la gente huyendo de la lluvia. Si quieres puedes quedarte aquí, a mi lado, recortando noticias extrañas de viejos periódicos o mostrándome diapositivas.

Si quieres, puedes quedarte aquí, a mi lado.


La cuadratura del círculo.

Sueño con ir al círculo polar.
—He cambiado mucho.
—¿Tanto?
—Del todo.
Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez y no del todo. Falta lo más importante. He escrito tantas veces su nombre dentro. Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo.

sábado, 10 de enero de 2009


El hombre de la cara de palo.

miércoles, 7 de enero de 2009

Perfect time




Actual 2009...yeah.

Café Tacvba, inyección de vida...

martes, 6 de enero de 2009


¿Qué solución hay si vives ahí?

sábado, 3 de enero de 2009

Pessoa

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.


(Fernando Pessoa)