J. me dice que somos afortunadas por vivir en la ciudad donde nunca hay dos anocheceres iguales.
J. se parece a las actrices de la nouvelle vague. Es delgada como un palillo, delgada como sólo una francesa puede ser. Tiene su habitación decorada con fotos en blanco y negro de pintores y de una fotógrafa siciliana. Lleva el pelo corto, como Jean Seberg.
Siempre la comparan con Amelie. Siempre. Aunque por mucho que lo digan es igualita a J. Seberg. Es más, su película favorita es À bout de souffle. J. no es del todo feliz aquí, pero siempre se ríe cuando N. y yo intentamos hablar en francés. J. también se hace llamar Pénélope, fuma tabaco de liar todas las tardes, y sus despertares son tan largos como sus pestañas. Siempre se queja del perro del vecino, ese que le hace parecer tan frágil y blanca por las mañanas. J. es una grande. Estaré muy triste cuando ellas me falten.