viernes, 10 de abril de 2009

Se resistía a morir.

Quiero que sepas lo difícil que fue matarle.
El muy cabrón se resistía.Gritaba, se enfurecía como un loco y se aferraba a las cadenas como si no quisiera separarse de ellas.
Claro, quién quiere que le suelten de las garras que le mantienen vivo si sabe que después de eso morirá.
Chillaba como un cochinillo.
Por una vez quise matarle sin hacerle sufrir así, limpiamente.
De un disparo mismo, de un disparo en la frente si hacía falta.
Y luego deshacerme del cadáver.
Arrojarlo al rincón más oscuro.
Donde nadie lo viese, donde yo lo olvidase.

-Imposible, L. No sueñes. Todos los malos recuerdos aparecen de repente, sin pensarlos, como la vomitona.-
-
Y qué narices hago, ¿le dejo vivir? Eso sí que es inhumano.-
-Qué mejor que darle una dura puñalada en el estómago.-

Me corté el pelo justo por debajo de las orejas. Me bañé durante dos horas, hasta que en las yemas de mis dedos podía adivinar las líneas de mi vida. Enjuagué mi boca con un licor de menta bien fuerte, y me sentí dispuesta a hacerlo. Los gritos habían aminorado, mi mente ya estaba más calmada. Será cierto eso de que el agua tibia o caliente amansa a las fieras, y no el acostumbrarlas a vivir en una jaula.

Matarlo me dolió tanto como M. me dijo. Casi tanto como una puñalada en el estómago. Ni yo ni él sangramos. Un recuerdo no sangra, al menos con sangre tibia, de la de verdad. Sólo duele.
Y tanto que duele, casi como una puñalada en el estómago.

3 comentarios:

Billy MacGregor dijo...

Es el segundo post que te leo sobre la muerte. Parece que te inquieta el tema, o que te atrae.

Raquel dijo...

Hola Billy. La verdad que estos posts los escribí hace tiempo y sí andaba preocupada por ella, pero en este hablo de matar a un recuerdo, no exactamente de la muerte jeje.
Saludos y gracias por pasarte.

lobo dijo...

Vaya, los dos hemos matado algo ultimamente, Sólo que mi recuerdo no tuvo agallas para hacerlo y lo tuve que dejar en coma yo mismo.
Besos de lobo... se te quiere