jueves, 8 de octubre de 2009

Diógenes al sol en la plaza pública.

"No somos un hexámetro homérico único e irrepetible"
grita Diógenes mientras orina la estatua frente al kiosko central de la plaza
y se rasca con una mano y con la otra agita,
dibuja, círculos en un entramado imaginario
En el suelo, manchas amarillentas, producto de la ingesta del vino,
olor agrio, villorios o borrones si se quiere
"Puedo ser lo que quieras" grita y asusta a las palomas
A su espalda desnuda que recibe el calor del sol de las nueve de la mañana
mujeres miran (o no miran)
y cubren los ojos de los niños mientras pasan
y simulan no disfrutar de esa carne, no comprender esa carne
que se les ofrece
ese pito
que se les ofrece
dispuesto a todo.
Basta solamente que lo pidan.

Salvatore Lazarini.

2 comentarios:

Hollie A. Deschanel dijo...

Pero por mucho que tapen los ojos a los niños, ellas disfrutan de ese pedazo de piel :)

Muás!

Totò Lazzzarini dijo...

Es que los niños siempre hacen lo que quieren, cuándo aprenderan los padres

(: