lunes, 9 de noviembre de 2009


Una vez tuve un profesor muy bueno que me dijo sabias cosas. Era un señor muy viejo, tendría ya sus 70 años. Se pasaba la clase diciendo verdades y curiosidades biográficas, y de vez en cuando hablaba un poquito de literatura. A mí no me importaba, porque es cierto que nos hablaba con franqueza y desde el corazón, y aunque a veces se fuese un poco por las ramas, sus verdades eran tan ciertas que no le podía quitar la razón ni dios.
Un día le dio por hablarnos de su relación con la literatura. Todos sabíamos que la amaba más que a su mujer. Ya no podía exigir a la narración la perfección que buscaba a sus 20 años. Esos esquemas se le habían caído con la experiencia. Ahora exigía un cambio bruto en sí mismo a través de los textos, simplemente un momento de placer o sufrimiento, el poder darse cuenta de que lo leído le había dejado una pequeña enseñanza, un instante de sensación (ir)repetible.

1 comentario:

Totò Lazzzarini dijo...

Bien, no sé qué pasa con esto, seguro al rato aparecen mis dos comentarios seguidos :) No importa.

Aprovecho para anotar algo que no dije hace un rato. Me encanta esta foto polaroid, yo tengo una que me tomaron que me encanta, espérala pronto en tu correspondencia.

Y el segundo que es el verdadero primer comentario que no aparece todavía es que con esta cuento tres entradas en las que no sé qué comentar, me han dejado sin palabras. Muy bonito tu diario, me gusta leerte. Es todo, de momento.