miércoles, 11 de enero de 2012

leer a

DFW en un tren
en un trayecto infinito.

DFW que me cuenta moralejas, que me dice que, a veces, sí, los desconocidos pueden hacernos regalos
regalos que a ellos les sobran pero que a nosotros nos hacen falta.

llegar a
PARÍS.

DFW que se aparece en la fila eterna frente a la máquina expendedora de billetes de metro.
DFW que se aparece en la forma de un Desconocido que intenta dar algo a aquellos que me preceden.
Desconocido que llega a mí, y al que miro extrañada.
D. que me regala un billete porque se va de París. Se va de París y me lo dice con voz triste, con el tono apesumbrado, me lo dice ya un poco Desesperado, porque ningún otro D. quiere aceptar su regalo, porque nadie piensa que otro D. pueda hacer algo así, pueda evitarles una cola de cuarentaminutos en un lugar que huele a estanque.
D. que me habla en un perfecto francés.
D. que hizo que pueda hablar de mi viaje como el Día infinito y no como los Dos Días infinitos en los que perdí un tren, entre otras cosas banales.

3 comentarios:

emiliano dijo...

nunca estuve. pero qué triste debe ser irse de ahí.

aLe!barrera dijo...

¿te gusta DFW?

raqueeel, te llamo mañana, dime cuál leíste, yo tengo algo de desconfianza a ese DFW...

besho!

Verónica Villalba Miguel dijo...

Acabo de leerle en voz alta tus tres entradas y Vane acaba de decir: TE LO JURO QUE ESTA TÍA ES DE PELÍCULA..

Esa es tu amiga ;) jajajaja