miércoles, 1 de octubre de 2008

Cansada

"Antes no eras así - me reprochó. Y tenía razón, nadie es nunca como ha sido. Lo curioso del caso es que nos llamamos igual y nos consideramos los mismos, y se nos juzga y analiza por actos pasados y actitudes marchitas"
De hecho, creo que cada día existe un cambio. Cada día mutamos, o nos mudamos, o evolucionamos, como lo queráis llamar. A diario te puedes sentir hasta extraño en tu propio cuerpo, o en tus propios sentimientos. A menudo suelo sorprenderme de mis propios pensamientos. Con frecuencia me aíslo y acostumbro a analizarme. A cuestionarme. A preguntar por qué yo, por qué no eso. Por qué hoy me levanto y tengo el mundo como esperando a que pose mi pie derecho en el suelo. Por qué mañana es al revés, y todo está colocado a su antojo y tiene prisa, y yo, con mi no parar, ni tan siquiera le alcanzo. A preguntarme por qué existo, cuál es el límite, hasta dónde puedo llegar, hasta dónde soy capaz de estirarme, como un chicle de fresa. Cuándo me rompo. Cuándo suturo. Cuándo sufro.
Ya no hay prado donde correr. Ya no hay tejado donde posarse ni ramas donde anidar. No queda mundo para huir, ni cielo para volar, ni vino para degustar. Ya no queda nada. Ni música, ni chocolate. Traspasé la línea. La línea infranqueable.
Ya no quedan horas de sueño. Insomnio. Somnolencia, agobio. Velocidad. Inquietud. Insoportable

1 comentario:

Raquel dijo...

Ya no tengo prado donde correr.