jueves, 21 de enero de 2010

paradise.

J. me dice que somos afortunadas por vivir en la ciudad donde nunca hay dos anocheceres iguales.
J. se parece a las actrices de la nouvelle vague. Es delgada como un palillo, delgada como sólo una francesa puede ser. Tiene su habitación decorada con fotos en blanco y negro de pintores y de una fotógrafa siciliana. Lleva el pelo corto, como Jean Seberg.
Siempre la comparan con Amelie. Siempre. Aunque por mucho que lo digan es igualita a J. Seberg. Es más, su película favorita es À bout de souffle. J. no es del todo feliz aquí, pero siempre se ríe cuando N. y yo intentamos hablar en francés. J. también se hace llamar Pénélope, fuma tabaco de liar todas las tardes, y sus despertares son tan largos como sus pestañas. Siempre se queja del perro del vecino, ese que le hace parecer tan frágil y blanca por las mañanas. J. es una grande. Estaré muy triste cuando ellas me falten.

5 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...También las tuyas me gustan, tus historias, digo...
...Todavía me dura el rubor por tu email, niña ;-)
...Besos, muchos...

Raquel M. Soto dijo...

Gracias Miguel.
En cuanto a lo del e-mail, sólo te dije la verdad, en serio.
Un abrazo.

lobo dijo...

Hmmm... una ciudad donde cada anochecer es diferente... me encanta ese lugar.
besos de lobo

miguelin dijo...

Bonito blog. Me he entretenido un buen rato mirandolo. Creo que hay entradas muy muy buenas. Volveré a pasarme por aqui. Te invito a que visites el mio. Estas en tu casa.
http://mividaentuventana.blogspot.com/

la mujer umbilical dijo...

ay, a veces me gustas mucho raquel.
es agradable leerte.