domingo, 13 de marzo de 2011

A trece de marzo de 2011.

Tomé prestado en la biblioteca Vida y muerte en Oporto, de Ramón Ayerra. Lo hice en uno de esos momentos en los que necesitas una lectura ligera que te traslade a algún lugar al que desearías ir, y acerté.
Lo tomé prestado porque es un libro ligero y yo llevaba un bolso pequeño. Me gusta llevar libros en el bolso y hacer más lights las esperas. Nunca sabes cuándo puedes aburrirte, nunca sabes cuándo un banco o un césped te puede parecer apetecible, nunca sabes cuándo comprar carne en la carnicería puede convertirse en una espera histórica.
Por eso escogí Vida y muerte, porque en mis esperas esperaba volar a Oporto.
Fue una mañana ajetreada, tenía que ir a un par de bancos y después al paro. Sueno como la típica joven bajo la típica crisis que nos rodea, pero afortunadamente estoy estudiando y trabajando.
Me echaron involuntariamente del paro. Cerraban a las 2. Iban por el número 100. Yo tenía el 167. Acabé en la biblioteca, en la planta del medio, terminando Vida y muerte, porque quería quitarme ese ligero peso del bolso y terminar mi viaje a Oporto.

Es gracioso el silencio de la planta del medio de la Biblioteca Pública. Estaba rodeada de señores que leen los periódicos y se los intercambian entre sí. Pasan hojas y leen con atención, no pagan por ello y lo disfrutan. Tosen y pasan hojas con parsimonia, se miran, te miran. Se conocen todos, y a mí no me conocen.
Acabé Vida y muerte rodeada de señores que leen periódicos con pachorra de calefacción overdose.
Descubrí que puedo leer Quimera en esa misma planta, rodeada de señores parsimoniosos, y después de leer el artículo de Antonio J. Rodríguez ya me convencieron, quiero leer a Tao Lin.

1 comentario:

Javier H dijo...

Ramón Ayerra,Oporto, oficina del paro, ambiente de casino provinciano y Tao Ling. Hay mañanas que lo cotidiano se transforma en un curioso viaje.
¿ Todavía se encuentran libros de Ayerra ?

Feliz domingo.